Durante el Renacimiento la ciencia cobró un gran auge, ligada a la nueva visión antropocéntrica del humanismo, y favorecida por la invención de la imprenta y por los viajes y descubrimientos geográficos ocurridos en esta era.
Las ciencias naturales, fundamentadas en la metafísica nominalista, se diferenciaron de los estudios anteriores de raíz aristotélica en dos factores esenciales: la idea de la naturaleza y el método físico.
La primera evoluciona desde la física ontológica aristotélica hacia un discurrir simbólico fundamentado en las matemáticas, pasando de analizar el «ser de las cosas» a interpretar variaciones de fenómenos.
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